
La arrolladora campaña del presidente electo de Estados Unidos ha inundado medio mundo con mensajes de cambio, esperanza e ilusión. Barack Obama se ha convertido poco a poco en una nueva estrella planetaria y un fenómeno con el que pocas veces nos encontraremos en política.
Por decirlo de alguna manera, ha sido todo muy "a la americana". Un hombre de mediana edad, apuesto y exitoso, de origen humilde y con un historial de promoción social incontrolada, con familia ejemplar y buena imagen. La historia de Obama será contada en películas y libros, pero ya existen actualmente muchos títulos que recogen una historia similar a la suya.
Desde el primer momento fue el candidato preferido por los europeos. En su larga contienda contra Hillary Clinton en las primarias, parecía que vivía momentos de agonía, igual que con McCain. Pero el afroamericano, lejos de perder influencia, se crecía.
Pero, ¿va a representar Obama todo lo que esperamos? Sin duda, tiene el listón muy alto y mucha gente espera que responda en su favor.
Lamentablemente, las cosas no parece que vayan a dar un giro de 180º. Puede que la política exterior adquiera un aire más "amable" o que la política social sea menos inflexible, pero el Partido Demócrata es una fuerza, al fin y al cabo, de centro que no va a tomar ninguna decisión revolucionaria.
Cuba es una de las grandes esperanzas. El embargo no deja de ser algo simbólico, heredado de décadas atrás y que no tiene sentido mantener porque vivimos en tiempos diferentes. Es algo que también, en cierto sentido, no ha hecho sino favorecer a la isla por simpatías exteriores pero la gran influencia de EEUU ha llevado a que muchos países también tengan enfrentamientos diplomáticos con "los Castro". Personalmente no tengo muchas esperanzas de que la situación vaya a cambiar mucho, aunque todo depende de la actitud de cada una de las partes y puede que no muy a largo plazo tenga solución.
Otro eje central de la política exterior norteamericana es Israel y Palestina. Finalmente, Bush abandonará la presidencia de su país sin conseguir un final del conflicto viable, ni siquiera a marchas forzadas con Annapolis. En Estados Unidos hay suficientes grupos de presión israelíes como para que el presidente pueda hacer algo para conseguir que su vida sea más digna.
Esperemos que en sus retos, Barack Obama tampoco olvide la cuestión del Sáhara, la necesidad de colocar a Estados Unidos en la posición que realmente merece para dejar de ser un país que toma decisiones como si fuera el dueño del mundo.
En cuanto a España, está claro que habrá buena armonía y sintonía entre ambos líderes, algo que sacará adelante Zapatero como una cuestión personal.